viernes, 19 de agosto de 2016

Crónica viernes 12 de agosto: “Se llevaban gente de día y de noche”


  • por Erika Leiva y Sofía Romera Zanoli para el Diario del Juicio
PH Elena Nicolay



María Cristina Aranda fue la primera testigo en contar su terrible historia, la del asesinato de sus hermanos en 1975 en manos de las fuerzas armadas,  ante el Tribunal Oral Federal que lleva adelante uno de los juicios por delitos de lesa humanidad  de mayor magnitud que se realizó en la provincia.

“Se llevaban gente de día y de noche, Juan Eugenio tenía un bebé de 22 días con su compañera Leila Susana, cuando se lo llevaron”. Tanto el niño como la mujer aún están desaparecidos “yo le decía a mi papá que ya teníamos la marca, nos había quitado  todo, ya no teníamos nada más” señaló la testigo con una angustia que entrecortaba su voz.

El 23 de marzo de 1975 María Cristina  fue junto a su  padre Juan Luis y sus  hermanos Juan Eugenio (Nito) y Francisco Armando (Cuco) Aranda a la fiesta de casamiento de Liliana Lazarte y Humberto Carrizo, sus vecinos en San Pablo. “Era la medianoche y lloviznaba” precisó “un grupo de 30 hombres armados de la policía federal y militares, algunos vestidos de civil y otros uniformados, entraron a la casa donde era la fiesta. Yo estaba parada en la entrada y cuando me di cuenta uno de los hombres me estaba apuntando con un arma en la cabeza y me pedía que me corra”.

Entre gritos y golpes  los efectivos sacaron a los invitados de la fiesta que no portaban documentación,  y los hicieron formar una fila de mujeres y otra de hombres. Entre ellos se encontraban los hermanos Aranda, que “fueron obligados a salir de la fila y llevados a su casa que se encontraba en diagonal al lugar donde se celebraba la boda”, sostuvo María Cristina.

“El jefe del operativo (identificado como Julio Pelagati), le informa a mi padre que se iba a llevar detenido a mis hermanos. Les di una campera para que no tengan frío. En ese momento Cuco (Francisco Armando) se me acercó y me dijo ‘chau gorda, quizás no nos veamos más’ y así fue, no los volví a ver más. Ya han pasado 41 años y esa herida no se cierra”, lamentó.

Los hermanos Aranda fueron subidos a un camión del ejército junto a los otros invitados de la fiesta. Todos los detenidos fueron trasladados a la Comisaría de San Pablo y luego al Centro Clandestino de Detención que funcionaba en la Base Militar emplazada en el Ex Ingenio Lules, donde recibieron golpes, picana eléctrica y les colocaron una sonda que les llenaba con agua el estómago para luego golpearlos,  señala el requerimiento de elevación a juicio.

“En una oportunidad” recordó la testigo “mi padre se dirigió al Ex Ingenio a buscar a sus hijos donde habló con el teniente Zarabozo, quien le dijo ‘sus hijos son muy duros y no quieren colaborar’”.

Según  testigos que prestaron declaración en juicios anteriores los jóvenes hermanos fueron vistos por última vez en la Escuelita de Famaillá, quienes  además pudieron escuchar sus gritos cuando los torturaban.

Finalmente Juan Eugenio y Francisco Armando Aranda fueron asesinados por sus captores el 3 de abril de 1975. Al día siguiente Leguizamón comisario de San Pablo le informó al padre de las víctimas que los jóvenes habían muerto en un enfrentamiento. “Solo los pudimos identificar por sus documentos, nos  entregaron dos cajones cerrados y nos dijeron que era ‘mejor que los recordemos como eran y no como estaban ahora’”.

Los ataúdes  fueron violentados en dos oportunidades por Gendarmería Nacional, lo que generó que María Cristina dude  que los restos que allí yacen son efectivamente de sus hermanos, es por ello que el fiscal Agustín Chit solicitó a los jueces que se exhumen ambas tumbas “es necesario que la familia Aranda pueda sacarse esa duda al fin de poder hacer su duelo”. El tribunal hizo lugar al pedido.

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Clarisa Yañez Mansilla, otras de las testigos que prestó declaración en la audiencia, contó que pudo reconstruir la detención de sus padres Olga Mansilla y Tirso Yañez a través  de testimonios de vecinos y de familiares. Ambos fueron secuestrados de su casa en Concepción, días después de su nacimiento en abril de 1975 y aún permanecen desaparecidos.

“La noche del 5 de abril  hubo un operativo, yo tenía apenas 9 meses, entraron y nos sacaron a los tres  de la casa. Después me enteré  que  mi mamá gritaba pidiendo que no me saquen de sus brazos”.  En uno de los vehículos iba su tío René Mansilla, de 16 años, a quien habrían secuestrado antes para que los guiara hasta la casa. Luego René y Clarisa fueron liberados bajo amenazas.

Clarisa fue entregada a sus abuelos paternos, recién 7 años después pudo saber que su mamá era en realidad su abuela paterna, sus hermanos, sus tíos y  que tenía una hermana mayor (por parte de madre) llamada Olga Gutiérrez, cuyo padre, Arnaldo Sebastián Gutiérrez, está desaparecido y es también víctima de la megacausa.

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Por último Clara Yañez, tía de Clarisa señaló ante el tribunal que suponían que Olga y Tirso  los llevaron a La Escuelita. “En 1983 cuando salieron los presos políticos les pregunté si habían sabido de mi hermano, me dijeron que lo único que pudo saber por dichos de otros es que había muerto por las torturas” y  lo recordó como hombre de gran valor moral, un ser muy especial. “Me gustaría saber qué fue de él. Encontrar sus huesitos”.

Como la mayoría de los desaparecidos durante el Operativo Independencia Olga y Tirso eran muy jóvenes, con ideales. Olga tenía 21 años y trabajaba en una fábrica. Tirso 23, había estudiado en el Instituto Técnico y era tornero en un taller metalúrgico. Ambos eran militantes del PRT-ERP.

El juicio continuará el próximo jueves 28 a las 9.30 en el TOF (Crisóstomo y Chacabuco).

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